CARACAS / PUERTO ESPAÑA. Estados Unidos y Trinidad y Tobago han iniciado una nueva ronda de ejercicios militares conjuntos en el Caribe, intensificando la presencia estadounidense en una zona que el gobierno de Venezuela considera un acto de agresión.
Las maniobras, que comenzaron el domingo y se extenderán hasta el 21 de noviembre, cuentan con la participación de la 22.ª Unidad Expedicionaria de Infantería de Marina de EE. UU., según informó el canciller trinitense, Sean Sobers. Los ejercicios se llevan a cabo en zonas urbanas y rurales, principalmente durante las noches y madrugadas.
El ministro Sobers afirmó que el objetivo principal es fortalecer las capacidades de las fuerzas de la nación insular en la lucha contra el narcotráfico y el tráfico ilegal de armas. «Lamentablemente, Trinidad y Tobago sigue sufriendo el flagelo de los delitos relacionados con armas de fuego y la violencia de pandillas,» declaró Sobers, justificando los ejercicios como parte de una estrategia coordinada.
Reacción de Venezuela: «Grave amenaza para la paz»
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, calificó de «irresponsables» los nuevos ejercicios y acusó al Gobierno trinitense de «prestar sus aguas frente a la costa del estado [venezolano de] Sucre para ejercicios militares que pretenden que sean amenazantes».
En un acto público, Maduro aseveró que «el pueblo de Trinidad y Tobago verá si sigue soportando que utilicen sus aguas y su tierra para amenazar gravemente la paz del Caribe«.
Por su parte, la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, manifestó el lunes que Washington «nunca ha solicitado el uso» de su territorio para «lanzar ataques contra el pueblo venezolano,» prometiendo que su país «no participará en ningún acto que [lo] perjudique».
Esta es la segunda ocasión en menos de un mes que EE. UU. y Trinidad y Tobago realizan maniobras conjuntas, tras ejercicios similares a finales de octubre.
El contexto de la «guerra por el petróleo»
El despliegue militar se produce en un contexto de significativa acumulación de poderío estadounidense en el Caribe desde agosto, incluyendo buques de guerra, submarinos y aviones de combate. Aunque EE. UU. justifica la acción como lucha antidrogas—una ofensiva que ha dejado un saldo mortal de al menos 70 personas—, Nicolás Maduro insiste en que las agresiones buscan «cambiar el régimen» y apropiarse de la «inmensa riqueza petrolera» de Venezuela.
La vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, complementó esta postura, afirmando que los recursos del país lo convierten en un «gran peligro» y objetivo de fuerzas externas.
La postura de Caracas ha encontrado eco internacional. El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, calificó las acciones de EE. UU. de «inaceptables» y propias de «países fuera de la ley», advirtiendo que no mejorarán la reputación de Washington ante la comunidad internacional.







