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Precios de alimentos no ceden pese a la caída del dólar paralelo

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El escenario económico venezolano presenta una nueva paradoja que golpea directamente el bolsillo del ciudadano. Aunque la cotización del dólar paralelo ha mostrado una tendencia a la baja en los últimos días, los precios de los alimentos en supermercados y abastos se mantienen congelados en sus picos más altos, desafiando la lógica del mercado cambiario que suele regir el comercio nacional.

Proteínas por las nubes. Uno de los casos más críticos se observa en el precio del pollo. Durante la primera semana de enero, coincidiendo con el repunte del dólar no oficial cerca de los 900 bolívares, el kilo de esta proteína saltó de 3,4 dólares a un rango de entre 4,6 y 5,2 dólares. A pesar de que la moneda estadounidense retrocedió, el costo del ave no ha retornado a sus valores iniciales.

Situación similar ocurre con el kilo de queso, un producto básico en la dieta del venezolano. Su valor actual oscila entre los 8 y 10 dólares, sin mostrar variaciones a la baja, aun cuando la brecha cambiaria entre la tasa oficial y la paralela ha comenzado a reducirse.

El contraste de la carne y la brecha cambiaria. La excepción a la regla ha sido el precio de la carne. Tras alcanzar topes históricos de 26 dólares por kilo a principios de mes, el rubro registró un ajuste que lo ubica actualmente entre los 12 y 15 dólares.

Mientras tanto, el mercado de divisas muestra una dinámica distinta:

* Dólar Paralelo: Se transa entre los 400 y 500 bolívares.

* Dólar BCV: Según el Banco Central de Venezuela, la tasa oficial para este lunes 26 se sitúa en 355,55 bolívares.

El lamento del consumidor. Para los ciudadanos, la cuenta simplemente no cuadra. En los mercados del oeste de Maracaibo, las quejas son constantes. «Todo sigue muy caro. No entiendo cómo baja el dólar, pero los precios no bajan», afirma María Delgado, ama de casa consultada.

La disparidad regional también afecta el costo de la canasta alimentaria. Por ejemplo, el medio cartón de huevos presenta variaciones drásticas: mientras en el estado Miranda se consigue en 3,5 dólares, en la capital zuliana el precio trepa hasta los 5,78 dólares.

Para trabajadores como Judith Paz, cuyo ingreso mensual es de 180 dólares, la realidad es de subsistencia. «Siento que no me alcanza para comer durante el mes. Ahora todo es medido», lamentó, reflejando el sentir de miles de familias que ven cómo su poder adquisitivo se disuelve frente a la rigidez de los precios en los anaqueles.